"Sé el maestro de la mente, no el esclavo."
Proverbio Zen.
Bruce Lee.
El que puede usar la espada es un experto.
El que es la espada misma es un maestro."
Risuke Otake.
El Buda jamás perdía la sonrisa y mantenía una calma imperturbable. Hasta tal punto conservaba la quietud y la expresión del rostro apacible, que un día los discípulos, extrañados, le preguntaron:
-Señor, ¿cómo puedes mantenerte tan sereno ante los insultos?
Y el Buda repuso:
-Ellos me insultan, ciertamente, pero yo no recojo el insulto.
Leyenda de China.
La estatua de Buda era de madera fina, construida por un artesano respetado y mantenida por los monjes en un perfecto estado de conservación.
En la cara del Buda se reflejaba una paz absoluta, en un semblante tranquilo y casi humano.
Los dos monjes dialogaban sobre el estado aparente del Buda, uno de ellos aseguraba que esa era la paz perfecta, el otro respondía que era imposible alcanzarla de tal forma, ya que la estatua era un ser inerte, que un hombre no podía lograrlo jamás.
La discusión continuaba sin tener un punto en común, uno buscaba imitar la estatua, el otro sostenía que era imposible.
Fue entonces que el Maestro de ambos que caminaba por allí se acercó y los escuchó con atención, después de un rato les contestó, ambos tienen razón y están equivocados a la vez.
La respuesta fue la siguiente:
La estatua refleja la calma absoluta, el objetivo final de cada practicante del Budismo, pero no tiene corazón, sus sentimientos son inexistentes y estos son los que nos impiden la ansiada calma, pero no es imposible lograrla sino el Camino que emprendimos no tiene sentido.
Leyenda de China.
El maestro del té, que no tenía experiencia con las espadas, pidió consejo a un amigo maestro de Zen quien sí tenía la habilidad. Mientras su amigo le servia, el espadachín Zen que no lo podía ayudar, notó cómo el maestro del té realizaba su arte con perfecta concentración y tranquilidad. “Mañana”, dijo el espadachín Zen, “cuando se enfrente al soldado, sostenga la espada sobre su cabeza, como si estuviera listo para embestir, y dele la cara con la misma concentración y tranquilidad con las cuales usted realiza la ceremonia del té”.
Al día siguiente, a la hora y lugar acordados para el duelo, el maestro del té siguió este consejo. El soldado, alistándose para atacar, miró fijamente durante largo tiempo la cara completamente atenta pero tranquila del maestro del té. Finalmente, el soldado bajó su espada, se disculpó por su arrogancia, y se fue sin que un solo golpe fuera dado.
Leyenda de Japón.
"Si alguien llega hasta ti con un regalo, y no lo aceptas.
¿A quién pertenece el obsequio?
Su alumno respondió:
"A quien intentó entregarlo."
El Maestro respondió:
"Lo mismo vale para la envidia, los insultos y la rabia, cuando no se aceptan continúan perteneciendo a quien los lleva consigo."
Enseñanzas de los guerreros Samurai.
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