En la antigua China, dos monjes caminaban por el patio del templo y se detuvieron a observar una estatua milenaria de Buda que era muy distinta a las demás que estaban en el templo.
La estatua de Buda era de madera fina, construida por un artesano respetado y mantenida por los monjes en un perfecto estado de conservación.
En la cara del Buda se reflejaba una paz absoluta, en un semblante tranquilo y casi humano.
Los dos monjes dialogaban sobre el estado aparente del Buda, uno de ellos aseguraba que esa era la paz perfecta, el otro respondía que era imposible alcanzarla de tal forma, ya que la estatua era un ser inerte, que un hombre no podía lograrlo jamás.
La discusión continuaba sin tener un punto en común, uno buscaba imitar la estatua, el otro sostenía que era imposible.
Fue entonces que el Maestro de ambos que caminaba por allí se acercó y los escuchó con atención, después de un rato les contestó, ambos tienen razón y están equivocados a la vez.
La respuesta fue la siguiente:
La estatua refleja la calma absoluta, el objetivo final de cada practicante del Budismo, pero no tiene corazón, sus sentimientos son inexistentes y estos son los que nos impiden la ansiada calma, pero no es imposible lograrla sino el Camino que emprendimos no tiene sentido.
Leyenda de China.
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